Primer plano de un pulpo
Animales NatSombrosos

¿Por qué el pulpo parece de otro planeta?

12 sep 2026

El pulpo es uno de esos animales que parecen desafiar casi todo lo que creemos saber sobre la inteligencia, el cuerpo y la vida en el mar. Tiene ocho brazos llenos de sensores, una piel capaz de cambiar de color y textura, tres corazones, sangre azul y un sistema nervioso tan distinto al nuestro que cuesta compararlo con el de cualquier otro animal.

Y no, no parece de otro planeta porque sea raro sin más. Lo parece porque ha desarrollado una forma de estar en el mundo completamente distinta: piensa con parte del cuerpo, explora con los brazos, se camufla en segundos y resuelve problemas sin tener columna vertebral, esqueleto interno ni una vida social compleja como la de muchos mamíferos.

Por eso, dentro de Animales NatSombrosos, pocos animales encajan tan bien como el pulpo. No porque sea “extraterrestre”, sino porque demuestra que la inteligencia puede adoptar formas muy distintas a las que solemos imaginar. Y cuanto más lo estudia la ciencia, más claro queda que sus rarezas no son simples curiosidades, sino adaptaciones fascinantes para sobrevivir bajo el mar.


Qué tipo de animal es un pulpo

Un pulpo morado y naranja aferrado a una roca texturizada en un acuario

Pulpo | Foto: Diane Picchiottino


Los pulpos son moluscos cefalópodos, el mismo gran grupo al que pertenecen los calamares, las sepias y los nautilos. En España, una de las especies más conocidas es el pulpo común, cuyo nombre científico es Octopus vulgaris. A diferencia de otros moluscos, no tienen una concha externa que los proteja, así que su supervivencia depende de otras habilidades: camuflaje, flexibilidad, aprendizaje, fuerza en los brazos, veneno, tinta y una enorme capacidad para explorar el entorno.

Su cuerpo blando les permite meterse en grietas, refugios y espacios muy estrechos, siempre que pueda pasar el pico, que es una de las pocas partes duras de su cuerpo. Esta flexibilidad no es solo una rareza anatómica, también explica por qué los pulpos son tan buenos escapando, escondiéndose y manipulando objetos en fondos rocosos, arrecifes, praderas marinas o zonas arenosas.

Y aunque solemos hablar de “el pulpo” como si fuera una sola especie, en realidad hay muchas especies de pulpos, con tamaños, hábitats y comportamientos distintos. Por eso, algunas curiosidades se han estudiado en especies concretas, como el pulpo común, el pulpo de dos manchas de California o el pulpo mimo, y no siempre deben aplicarse de forma exacta a todos los pulpos del planeta.


Una inteligencia repartida por todo el cuerpo

Tentáculos del pulpo

Tentáculos del pulpo | Foto: Stephanie Harlacher


Una de las curiosidades más sorprendentes del pulpo es que su inteligencia no está concentrada solo en la cabeza. El sistema nervioso del pulpo común se ha estimado en unos 500 millones de neuronas, con alrededor de dos tercios situadas en los brazos. Eso significa que gran parte de su procesamiento sensorial y motor ocurre fuera del cerebro central.

Esto no quiere decir que cada brazo tenga una mente independiente como si fueran ocho animales separados, pero sí que los brazos tienen mucha autonomía. Pueden explorar, tocar, saborear, reaccionar y coordinar movimientos sin que el cerebro central tenga que controlar cada detalle. En lugar de funcionar como una máquina dirigida desde un único centro, el pulpo funciona más como una red distribuida.

Esa organización tiene muchísimo sentido si pensamos en su cuerpo. Un pulpo no tiene huesos ni articulaciones fijas, así que cada brazo puede doblarse, enrollarse, estirarse y moverse en muchas direcciones. Controlar eso desde un cerebro central, punto por punto, sería una tarea inmensa. Por eso, parte de la solución evolutiva del pulpo parece estar en dejar que los brazos participen activamente en la exploración y el movimiento.

Cuando un pulpo mete un brazo en una grieta, no solo está “tocando”. Está recogiendo información química, táctil y espacial. Sus ventosas detectan textura, forma e incluso señales químicas, de modo que el animal puede investigar un refugio, localizar una presa o reconocer un objeto sin depender únicamente de la vista.


Tres corazones y sangre azul

Otra de las curiosidades más conocidas del pulpo es que tiene tres corazones. Dos de ellos bombean sangre hacia las branquias, donde se oxigena, mientras que el tercero impulsa la sangre oxigenada hacia el resto del cuerpo. El Smithsonian explica que los cefalópodos tienen tres corazones y un sistema de transporte de oxígeno basado en hemocianina, una proteína con cobre que da a la sangre un tono azulado.

Este detalle no es solo estético. Mientras nuestra sangre utiliza hemoglobina, basada en hierro, la sangre de los pulpos utiliza hemocianina, basada en cobre. Esta molécula funciona de forma diferente y puede ser útil en ambientes marinos donde las condiciones de oxígeno y temperatura cambian mucho.

La parte más curiosa es que la anatomía del pulpo está muy ligada a su forma de moverse. Muchos pulpos prefieren desplazarse caminando sobre el fondo antes que nadar largas distancias, y no es casualidad. BBC Earth recoge que el corazón sistémico puede pausarse cuando un pulpo nada, lo que ayuda a entender por qué la natación por propulsión puede ser más costosa para ellos que avanzar con los brazos.

Así que sus tres corazones no son una extravagancia sin más. Son parte de una biología diseñada para un animal activo, flexible, depredador y muy dependiente del oxígeno para sostener un sistema nervioso enorme.


Memoria, aprendizaje y resolución de problemas

Los pulpos han demostrado capacidades de aprendizaje que durante mucho tiempo se asociaban casi exclusivamente a vertebrados. En estudios de laboratorio, se ha observado que pueden aprender a resolver tareas, recordar asociaciones y mejorar con la experiencia. En un experimento clásico con pulpo común, los animales fueron capaces de abrir frascos transparentes cerrados para acceder a una presa, mostrando aprendizaje por ensayo y error.

Más allá del famoso ejemplo del frasco, también se han estudiado tareas de discriminación visual, laberintos, resolución de problemas y flexibilidad conductual. En un estudio publicado en PLOS ONE, varios pulpos resolvieron una tarea de puzzle en la que debían acceder a alimento manipulando un objeto, lo que se interpretó como una muestra de flexibilidad conductual y capacidad para resolver problemas.

Lo interesante es que esta inteligencia no se parece del todo a la nuestra. Los pulpos no tienen manos, rostro expresivo, vida familiar prolongada ni un cerebro organizado como el de un mamífero. Su inteligencia surge de otro camino evolutivo, marcado por la presión de sobrevivir siendo un animal blando, vulnerable y sin una coraza permanente.

Esa combinación de fragilidad y capacidad exploratoria puede explicar parte de su comportamiento. Un pulpo necesita esconderse, aprender rápido, reconocer refugios, manipular presas, evitar depredadores y adaptarse a situaciones nuevas. Por eso, su inteligencia no parece una curiosidad aislada, sino una herramienta de supervivencia.


Maestros del camuflaje

Fotografía de enfoque selectivo de pulpo

Pulpo camuflado | Foto: Vlad Tchompalov


El camuflaje del pulpo es una de las grandes maravillas del mundo marino. Muchas especies pueden cambiar de color, patrón e incluso textura gracias a una piel llena de estructuras especializadas, como cromatóforos, iridóforos, leucóforos y papilas. El Smithsonian Ocean explica que los pulpos y otros cefalópodos pueden cambiar no solo el color, sino también la textura de su piel, lo que les permite parecerse a rocas, algas, arena o corales.

Este camuflaje no funciona como un simple disfraz estático. Es dinámico, rápido y controlado por el sistema nervioso. El animal puede aclararse, oscurecerse, crear manchas, romper visualmente la silueta del cuerpo o levantar pequeñas protuberancias en la piel para imitar la textura del entorno.

Además, la piel de los cefalópodos no solo sirve para esconderse. Los cambios de color y patrón también pueden participar en señales visuales, respuestas de amenaza o interacciones con otros animales. Una revisión sobre patrones dinámicos en cefalópodos describe cómo sus cromatóforos pueden coordinarse en señales visuales complejas, comparables a píxeles vivos.

Eso sí, conviene distinguir entre camuflaje general y mimetismo especializado. Muchos pulpos se camuflan, pero no todos imitan a otros animales. El caso más famoso es el pulpo mimo, una especie del Indo-Pacífico capaz de modificar postura, forma y movimiento para parecerse a animales como peces planos, peces león o serpientes marinas. El American Museum of Natural History describe cómo el pulpo mimo ajusta su postura y movimiento para copiar a otras especies, algo mucho más específico que simplemente cambiar de color.


Una piel que también detecta la luz

Una de las partes más sorprendentes del cuerpo del pulpo es su piel. Durante años se ha sabido que los cefalópodos cambian de color gracias a señales nerviosas relacionadas con la visión, pero algunos estudios han mostrado algo todavía más extraño: la piel puede responder directamente a la luz.

Un estudio sobre el pulpo de dos manchas de California observó que la piel aislada podía producir una respuesta llamada expansión de cromatóforos activada por la luz. Dicho de forma más sencilla, ciertas células de la piel del pulpo pueden detectar luz y responder sin que intervengan los ojos del animal.

Esto no significa que el pulpo “vea” con la piel como ve con los ojos. Sería exagerado decirlo así. Pero sí sugiere que su cuerpo tiene una relación con la luz mucho más compleja de lo que imaginamos. Su piel no es solo una superficie que cambia de color, sino un órgano sensorial activo, conectado con su forma de percibir y adaptarse al entorno.

Por eso, cuando decimos que el pulpo parece ver con todo el cuerpo, hablamos de una idea poética, pero con una base biológica interesante. Su piel detecta, responde y participa en una relación constante con el paisaje submarino.


Editar ARN para adaptarse al entorno

Los pulpos no están cambiando su ADN cada vez que se adaptan, sino que algunas especies pueden modificar la información que se expresa a través del ARN.

La edición de ARN permite que una misma información genética pueda traducirse en proteínas ligeramente distintas, sin cambiar la secuencia de ADN original. En 2023, un estudio en Cell mostró que el pulpo de dos manchas de California puede modificar de forma masiva la edición de ARN en tejido neural cuando cambia la temperatura, ajustando proteínas relacionadas con la función del sistema nervioso.

Esto es fascinante porque introduce otra forma de adaptación. En lugar de esperar únicamente a cambios genéticos entre generaciones, el animal puede ajustar parte de su funcionamiento molecular durante su vida. No es magia ni ciencia ficción, pero sí una estrategia biológica muy poco intuitiva para quienes solemos pensar que el ADN es un manual fijo e intocable.

Además, este tipo de investigación ayuda a entender por qué los cefalópodos son tan especiales. Su rareza no está solo en los brazos o el camuflaje, sino también en mecanismos internos que afectan a cómo funciona su sistema nervioso.


Duermen de una forma que recuerda al sueño REM

Otra de las grandes curiosidades del pulpo tiene que ver con el sueño. Durante el descanso, algunos pulpos alternan entre estados de sueño tranquilo y sueño activo. En esos momentos activos pueden mover los ojos, cambiar la respiración y modificar rápidamente los patrones de color y textura de la piel.

Un estudio publicado en iScience describió en pulpos una alternancia cíclica entre sueño tranquilo y sueño activo, con cambios dinámicos de color y textura. Más tarde, un trabajo en Nature analizó actividad neural y patrones de piel durante el sueño, y encontró que el sueño activo de los pulpos se parece al sueño REM de vertebrados en algunos rasgos, como la actividad neural similar a la vigilia y pequeños movimientos del cuerpo.

Aquí hay que tener cuidado con el lenguaje. Decir que los pulpos “sueñan” puede ser una forma bonita de contarlo, pero la ciencia todavía no puede afirmar que sueñen como nosotros ni que estén reviviendo recuerdos de manera consciente. Lo que sí sabemos es que su sueño no es simple ni pasivo.

El hecho de que un pulpo cambie de color mientras duerme resulta casi hipnótico, porque parece como si su cuerpo estuviera mostrando escenas internas. Quizá no podamos saber qué experimenta, pero sí podemos decir que su descanso revela una vida mental y corporal mucho más compleja de lo que se pensaba en muchos invertebrados.


Pulpos sintientes y una nueva forma de mirar a los invertebrados

Pulpo extendiendo sus tentáculos bajo una iluminación rojiza y violeta sobre fondo oscuro

Pulpo | Foto: Matteo Vella


Durante mucho tiempo, muchos invertebrados fueron tratados como animales simples, casi automáticos. Sin embargo, los pulpos han obligado a cambiar esa mirada. Su comportamiento, su sistema nervioso y su capacidad de aprendizaje han hecho que la ciencia y la legislación empiecen a tomarse más en serio su bienestar.

Una revisión encargada por el Gobierno del Reino Unido y realizada por la London School of Economics evaluó más de 300 estudios sobre cefalópodos y crustáceos decápodos, y define la sentiencia como la capacidad de tener experiencias como dolor, placer, hambre, sed, calor, alegría, comodidad o excitación. A raíz de este tipo de evidencia, la legislación británica de sintiencia animal incluye dentro de la definición de “animal” a los moluscos cefalópodos, como los pulpos y calamares.

Esto no significa que podamos saber exactamente cómo siente un pulpo, ni que debamos traducir su experiencia con emociones humanas de forma literal. Pero sí significa que ya no tiene sentido hablar de ellos como organismos insensibles o puramente instintivos.

Reconocer su sentiencia cambia la conversación. Nos obliga a pensar en cómo los observamos, cómo los estudiamos, cómo los tratamos en acuarios o laboratorios, e incluso cómo hablamos de ellos cuando contamos sus curiosidades. Porque cuanto más conocemos al pulpo, menos parece un animal simple.


Lo que el pulpo nos enseña sobre la inteligencia animal

El pulpo parece de otro planeta porque no encaja en nuestras categorías habituales. No tiene huesos, pero puede manipular objetos con precisión. No tiene una cara expresiva como la nuestra, pero cambia de color, textura y postura para responder al entorno. No tiene un cerebro central comparable al de un mamífero, pero aprende, recuerda y resuelve problemas.

También nos desconcierta porque su inteligencia evolucionó por un camino muy distinto. Los humanos, los delfines, los primates o las aves suelen aparecer en nuestras conversaciones sobre inteligencia animal, pero el pulpo demuestra que la mente puede surgir en cuerpos radicalmente diferentes.

Quizá por eso nos fascina tanto. El pulpo no se parece a nosotros y, aun así, nos obliga a reconocer algo parecido a la curiosidad, la estrategia, la exploración y la adaptación. Es una prueba viva de que la naturaleza no tiene una única forma de crear inteligencia.


Observar pulpos también es aprender a mirar el mar

Ver un pulpo en libertad no siempre es fácil. Muchas veces permanece escondido entre rocas, grietas, praderas marinas o fondos donde su camuflaje lo vuelve casi invisible. Y precisamente ahí está parte de su encanto: no se trata de buscar una silueta evidente, sino de aprender a mirar detalles, texturas, cambios de color y movimientos mínimos.

Si alguna vez observas un pulpo durante una salida de snorkel, buceo o paseo por zonas intermareales permitidas, lo importante es mantener distancia y no tocarlo, perseguirlo, sacarlo del agua ni intentar provocar una reacción para verlo cambiar de color. Su camuflaje, su tinta y sus movimientos no están ahí para entretenernos, sino para sobrevivir.

Observarlo bien significa aceptar que el encuentro puede ser breve, discreto o incluso no ocurrir. Pero también significa entender que bajo el agua hay animales con formas de vida mucho más complejas de lo que imaginamos desde la superficie.


Una mente imposible bajo el mar

El pulpo no es solo un animal curioso. Es una de las mejores pruebas de que la inteligencia, la sensibilidad y la adaptación pueden aparecer en cuerpos completamente distintos al nuestro.

Sus brazos exploran casi como si pensaran, su piel responde al entorno, su sangre azul sostiene una anatomía extraña, sus tres corazones revelan otra forma de vivir bajo el agua y su sueño activo nos recuerda que todavía sabemos muy poco sobre la vida mental de otros animales.

Por eso, hablar de curiosidades del pulpo no es solo acumular datos sorprendentes. Es abrir una puerta a una pregunta mucho más grande: cuántas formas de inteligencia existen en la naturaleza y cuántas siguen pasando desapercibidas porque no se parecen a la nuestra.

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Preguntas frecuentes sobre curiosidades del pulpo


¿Cuántos corazones tiene un pulpo?

Un pulpo tiene tres corazones. Dos bombean sangre hacia las branquias para oxigenarla y el tercero impulsa la sangre oxigenada hacia el resto del cuerpo.


¿Por qué la sangre del pulpo es azul?

La sangre del pulpo es azul porque utiliza hemocianina, una proteína basada en cobre, para transportar oxígeno. En los humanos, en cambio, la sangre utiliza hemoglobina, basada en hierro.


¿Los pulpos tienen nueve cerebros?

No exactamente. Es común decir que tienen “nueve cerebros”, pero es una simplificación. Lo correcto es decir que tienen un sistema nervioso muy distribuido, con un cerebro central y una gran cantidad de neuronas en los brazos.


¿Los pulpos son inteligentes?

Sí. Los pulpos han demostrado capacidades de aprendizaje, memoria, exploración y resolución de problemas. Pueden manipular objetos, aprender por experiencia y adaptarse a situaciones nuevas.


¿Los pulpos pueden cambiar de color?

Sí. Muchos pulpos pueden cambiar de color, patrón e incluso textura gracias a estructuras especializadas en la piel. Esta capacidad les sirve para camuflarse, responder a amenazas y comunicarse visualmente en ciertos contextos.


¿Los pulpos sueñan?

Todavía no se puede afirmar que sueñen como los humanos. Lo que sí se ha observado es que algunos pulpos alternan entre sueño tranquilo y sueño activo, con movimientos y cambios de color que recuerdan en parte al sueño REM de vertebrados.


¿Los pulpos sienten dolor?

La evidencia científica sugiere que los pulpos pueden experimentar dolor y otros estados relacionados con la sentiencia. Por eso, algunos marcos legales, como el del Reino Unido, ya incluyen a los cefalópodos dentro de la legislación sobre sintiencia animal.