Fotografía aérea de bandada de flamencos
Birdwatching

Qué aves puedes ver en España durante la migración de otoño

19 sep 2026

En otoño, España vive una de las fases más interesantes del calendario ornitológico. Durante la migración posnupcial, muchas aves que han criado en Europa se desplazan hacia sus áreas de invernada, mientras otras atraviesan la península en paso migratorio y algunas especies del norte y centro de Europa empiezan a llegar como invernantes.

Por eso, hablar de aves migratorias en otoño no es simplemente hablar de “aves que se van” o “aves que llegan”. Es hablar de estrategias migratorias distintas: especies estivales en salida, migrantes transaharianas, migrantes presaharianas, aves en paso, sedimentación temporal, primeros contingentes invernantes, movimientos parciales y cambios fenológicos cada vez más visibles.

España, además, ocupa una posición clave dentro de las rutas migratorias del Paleártico occidental. El censo de aves acuáticas invernantes del MITECO recuerda que el país es un lugar importante para el paso migrador y la invernada de aves acuáticas, mientras que el Estrecho de Gibraltar actúa como uno de los grandes cuellos de botella migratorios entre Europa y África.


La migración de otoño no es una sola migración

Pareja de abejarucos sentados en la cima de la rama de un árbol

Pareja de abejarucos | Foto: Paul Bulai


Aunque solemos hablar de “migración de otoño” de forma general, en realidad este periodo reúne varios procesos a la vez. Desde un punto de vista ornitológico, el concepto principal es la migración posnupcial: el desplazamiento que muchas aves realizan después del periodo reproductor, desde sus áreas de cría hacia sus áreas de invernada.

En algunas especies, este movimiento empieza muy pronto, incluso en julio o agosto. En otras, se intensifica en septiembre y octubre. Y en ciertos grupos, como limícolas, paseriformes, aves marinas o algunas rapaces, octubre sigue siendo un mes muy interesante para detectar paso, sedimentación o llegada de individuos procedentes de latitudes más septentrionales.

Por eso, en otoño conviene distinguir entre varios perfiles migratorios.

Las aves estivales son especies que llegan a España o a otras zonas de Europa para reproducirse durante primavera y verano, y después abandonan total o parcialmente sus áreas de cría. Las migrantes transaharianas cruzan el Sáhara para invernar al sur del desierto, mientras que las presaharianas o migradoras de corta-media distancia suelen pasar el invierno más cerca, en el norte de África, la cuenca mediterránea, el sur de Europa o regiones atlánticas más templadas.

También están las aves en paso, que utilizan España como corredor migratorio o como zona de parada temporal, y las invernantes, que llegan para pasar aquí los meses fríos. A esto se suman migradoras parciales, movimientos altitudinales, irrupciones ligadas al frío o al alimento, y aves sedimentadas durante días o semanas en puntos favorables.

La migración otoñal se entiende mejor como una superposición de flujos, no como un único movimiento.


Octubre, un mes bisagra para el birdwatching

Octubre es especialmente interesante porque funciona como un mes bisagra. Muchos movimientos posnupciales ya han alcanzado su máximo en agosto o septiembre, pero la migración no ha terminado. Simplemente cambia de composición.

A estas alturas, muchos vencejos comunes, Apus apus, han desaparecido de la mayor parte de sus zonas de cría, el grueso de abejeros europeos ‘Pernis apivorus’, y milanos negros ‘Milvus migrans’, ya ha cruzado antes por el Estrecho, y varias especies transaharianas se encuentran en fases finales de salida. Sin embargo, todavía pueden observarse golondrinas comunes, Hirundo rustica, aviones comunes occidentales, Delichon urbicum, rapaces tardías, limícolas en paso, paseriformes sedimentados, aves marinas en movimiento y especies que demoran su cruce según las condiciones meteorológicas.

Al mismo tiempo, empiezan a hacerse más visibles las primeras invernantes. Llegan grullas comunes, Grus grus, aumentan zorzales y mosquiteros, aparecen avefrías europeas ‘Vanellus vanellus’, chorlitos dorados europeo ‘Pluvialis apricaria’, cormoranes grandes, Phalacrocorax carbo, anátidas y otros contingentes procedentes del norte y centro de Europa.

En una misma jornada de campo, sobre todo en humedales, costas, cabos, zonas agrícolas o puntos de paso, se pueden mezclar aves que están terminando su migración posnupcial con otras que empiezan a instalarse para la invernada. Esa superposición es una de las razones por las que octubre tiene tanto interés para el birdwatching.


Aves estivales que se marchan tras la reproducción

Golondrina común posándose en una rama junto a un humedal

Golondrina común | Foto: Vincent van Zalinge


Una parte importante de la migración otoñal está formada por especies estivales. Son aves que han utilizado la península ibérica como área de cría y que, una vez terminada la reproducción, emprenden el viaje hacia sus áreas de invernada.

La golondrina común ‘Hirundo rustica’, es uno de los ejemplos más reconocibles. Tras la reproducción, abandona progresivamente sus zonas de cría y todavía puede observarse en paso durante septiembre y octubre, sobre todo en corredores litorales, zonas agrícolas, humedales y áreas favorables de sedimentación. Muchas observaciones otoñales ya no corresponden necesariamente a aves reproductoras locales, sino a individuos en migración activa o sedimentados temporalmente.

El avión común occidental ‘Delichon urbicum’, también mantiene una salida prolongada. Sus colonias van quedando vacías de forma progresiva desde el verano, aunque todavía pueden verse concentraciones tardías en zonas favorables, especialmente si las condiciones meteorológicas favorecen la acumulación temporal de individuos antes de continuar ruta.

El vencejo común ‘Apus apus’, suele desaparecer antes. En buena parte de España, la salida de las colonias de cría se produce ya en pleno verano, y las observaciones tardías requieren afinar la identificación, sobre todo en zonas donde también puede aparecer vencejo pálido ‘Apus pallidus’. En este grupo, la fecha, la estructura, la coloración, la silueta y el contexto de observación son claves para evitar identificaciones precipitadas.

El abejaruco europeo ‘Merops apiaster’, es otra especie claramente estival y transahariana. Tras criar en taludes, cortados, barrancos o sustratos arenosos donde excava sus nidos, migra hacia África tropical. Su paso otoñal puede detectarse por bandos vocales en vuelo, a menudo antes de que el observador llegue a localizarlos visualmente.

Entre las rapaces estivales, el calendario varía mucho según la especie. La culebrera europea ‘Circaetus gallicus’, mantiene paso posnupcial visible entre finales de verano y principios de otoño, mientras que el águila calzada ‘Hieraaetus pennatus’, puede demorar el cruce en determinados puntos, especialmente cuando las condiciones de viento no favorecen el paso. En cambio, especies como el cuco común ‘Cuculus canorus’, o el alimoche común ‘Neophron percnopterus’, suelen presentar pasos más tempranos, por lo que en octubre muchas observaciones ya serían tardías o muy dependientes de la zona.

Esta diferencia es importante: no todas las estivales “se van en otoño” de la misma manera, ni todas mantienen presencia visible hasta octubre. Para interpretar bien una observación, hay que cruzar especie, fecha, edad, ubicación y condiciones meteorológicas.


Migrantes en paso y zonas de sedimentación

Una parte esencial de la migración otoñal no está en las especies que se marchan ni en las que llegan para quedarse, sino en aquellas que utilizan España como zona de paso. En estos casos, el concepto clave es la sedimentación migratoria: aves que interrumpen temporalmente el viaje para descansar, alimentarse o esperar mejores condiciones.

Los humedales, marismas, estuarios, arrozales, salinas, playas, rías y lagunas interiores son especialmente importantes para limícolas y acuáticas. Correlimos comunes ‘Calidris alpina’, correlimos tridáctilos ‘Calidris alba’, archibebes, agujas, zarapitos, chorlitos, chorlitejos y otras especies pueden aparecer en números variables según mareas, niveles de agua, disponibilidad de alimento, viento y perturbación humana.

En limícolas, octubre puede ser excelente para observar plumajes de transición, juveniles del año y diferencias entre aves en paso e invernantes tempranas. También obliga a mirar con detalle, porque en un mismo grupo pueden mezclarse individuos que solo están sedimentados unos días con otros que permanecerán durante buena parte del invierno.

También hay movimiento en paseriformes. Mosquiteros comunes ‘Phylloscopus collybita’, papamoscas tardíos, lavanderas, collalbas, bisbitas, tarabillas, currucas y zorzales pueden aparecer en mosaicos agrícolas, setos, sotos, zonas costeras o manchas de vegetación bien orientadas. En muchas especies pequeñas, la migración nocturna y la sedimentación diurna hacen que las primeras horas de la mañana sean especialmente interesantes después de noches favorables.

El paso no siempre se ve como un gran bando cruzando el cielo. A veces se detecta en un aumento repentino de aves discretas en un carrizal, en limícolas alimentándose durante la bajamar o en paseriformes ocupando un cabo después de una noche de migración activa.


El Estrecho de Gibraltar y las planeadoras

Una cigüeña blanca con plumas negras de alas volando contra un cielo azul claro

Cigüeña blanca en vuelo | Foto: Stuart Bartlett


El Estrecho de Gibraltar es uno de los puntos más importantes para comprender la migración otoñal en España. Para muchas aves planeadoras, cruzar grandes masas de agua implica un coste elevado, porque dependen de corrientes térmicas para desplazarse con eficiencia. Por eso se concentran en puntos estrechos donde el cruce marítimo es más corto.

El Programa Migres de Fundación Migres describe el Estrecho como un cuello de botella natural para la migración de aves entre Europa y África, con un paso posnupcial de aves planeadoras que se produce entre mediados de julio y mediados de octubre.

Esto significa que octubre, especialmente su primera mitad, puede seguir siendo relevante para determinadas especies, aunque los máximos de muchas planeadoras ya se hayan producido antes. Cigüeñas blancas ‘Ciconia ciconia’, cigüeñas negras ‘Ciconia nigra’, abejeros europeos, águilas calzadas, culebreras europeas, alimoches comunes, aguiluchos y otras rapaces no presentan todos la misma fenología, y el viento puede modificar mucho la visibilidad diaria del paso.

En el Estrecho, un día flojo no siempre significa ausencia de aves. Puede significar que las condiciones no favorecen el cruce, que las aves están esperando, que el flujo se ha desplazado o que el grueso ha pasado en días previos. Para leer bien la migración hay que mirar la fecha, el viento, la nubosidad, las térmicas, la visibilidad y el comportamiento de las aves antes del cruce.

Por eso, octubre no debe entenderse como el final simple de la migración, sino como una fase terminal para ciertos grupos y una fase de entrada para otros.


Aves marinas en movimiento otoñal

Octubre también es un mes muy interesante para mirar al mar. En muchos puntos de costa, especialmente cabos y promontorios bien orientados, se puede detectar paso de aves marinas que no siempre son visibles desde tierra en otras épocas o que requieren condiciones concretas para acercarse a la costa.

El alcatraz atlántico ‘Morus bassanus’, es una de las especies más representativas del paso otoñal. Después del periodo de cría, muchos individuos se desplazan hacia el sur y pueden observarse desde costas atlánticas y cantábricas, sobre todo en jornadas con viento favorable.

Los págalos también forman parte de esta lectura marina del otoño. El págalo grande ‘Stercorarius skua’, puede presentar un paso otoñal muy interesante, mientras que el págalo pomarino ‘Stercorarius pomarinus’, suele observarse de forma más regular durante los pasos migratorios, especialmente desde puntos adecuados de seawatching y en condiciones meteorológicas favorables.

También pueden aparecer charranes, pardelas, gaviotas, álcidos tempranos y otras especies pelágicas o costeras. En este caso, la observación exige una lectura distinta a la de humedales o rapaces planeadoras: telescopio, experiencia en vuelo, atención a patrones de aleteo, distancia a costa, dirección del movimiento, edad, muda y condiciones meteorológicas.

Para birdwatchers con experiencia, octubre no es solo un mes de humedales o Estrecho. También es un mes de seawatching.


Especies invernantes que empiezan a llegar

Grulla común volando sobre un paisaje rural

Grulla común volando | Foto: Santiago Lacarta


Mientras algunos flujos posnupciales se apagan, las primeras invernantes empiezan a ganar presencia. Octubre marca el inicio de una nueva composición de avifauna en muchos paisajes españoles.

La grulla común ‘Grus grus’, es una de las especies más esperadas. Sus entradas empiezan a hacerse visibles en octubre y se consolidan conforme avanza la invernada, con movimientos hacia áreas como Gallocanta, Extremadura, La Mancha y otros puntos de paso o estancia. Su llegada es una de las señales más claras del cambio de calendario ornitológico.

El ánsar común ‘Anser anser’, también forma parte del cambio hacia la invernada. Procede de áreas de cría del norte de Europa y se instala en enclaves favorables de la península, especialmente en humedales, marismas y zonas agrícolas donde encuentra alimento y tranquilidad.

En octubre y noviembre empiezan a aumentar muchas anátidas. Cerceta común ‘Anas crecca’, silbón europeo ‘Mareca penelope’, ánade rabudo ‘Anas acuta’, cuchara común ‘Spatula clypeata’, porrón europeo ‘Aythya ferina’, ánade friso ‘Mareca strepera’, y otras especies aparecen en humedales, embalses, marismas y arrozales, muchas veces en números que crecerán conforme avance el invierno.

También entran o se hacen más visibles avefrías europeas, chorlitos dorados europeos, bisbitas pratenses ‘Anthus pratensis’, lavanderas blancas ‘Motacilla alba’, pinzones reales ‘Fringilla montifringilla’, en algunos contextos, mosquiteros comunes y zorzales. El zorzal común ‘Turdus philomelos’, y el zorzal alirrojo ‘Turdus iliacus’, empiezan a ganar presencia en zonas arboladas, cultivos, campiñas y mosaicos agrícolas, dependiendo de la región y de la intensidad de los movimientos procedentes del norte.

Octubre, por tanto, no es todavía la invernada plena, pero sí el momento en el que la invernada empieza a dibujarse.


Dónde observar aves durante la migración de otoño en España

La migración otoñal se observa mejor si se elige el hábitat según el grupo de aves que se quiere detectar.

Para rapaces planeadoras y cigüeñas, el Estrecho de Gibraltar sigue siendo uno de los grandes referentes, especialmente durante la primera mitad de octubre. También los pasos pirenaicos, collados y corredores montañosos pueden ser interesantes para determinados movimientos, aunque el calendario y la intensidad dependen mucho del grupo.

Para limícolas, anátidas y acuáticas, conviene buscar humedales, lagunas, salinas, estuarios, marismas, rías y arrozales. Doñana, el Delta del Ebro, la Albufera de Valencia, las marismas de Santoña, Villafáfila, Gallocanta, los humedales manchegos, las salinas mediterráneas y muchas zonas costeras pueden funcionar como puntos de paso, sedimentación o entrada de invernantes.

Para aves marinas, los cabos cantábricos, atlánticos y algunos puntos mediterráneos bien orientados pueden ofrecer buenas jornadas de seawatching, sobre todo con condiciones de viento que acerquen aves a la costa.

Para paseriformes, los mejores lugares no siempre son los más espectaculares. Cabos, sotos, setos, manchas de vegetación costera, carrizales, islas, parques periurbanos, cultivos abandonados y corredores fluviales pueden concentrar aves después de noches de migración activa.

La clave está en no buscar “un lugar para ver migración” de forma genérica, sino relacionar cada grupo con su estrategia: planeadoras y térmicas, limícolas y zonas intermareales, acuáticas y humedales, marinas y vientos costeros, paseriformes y sedimentación tras vuelos nocturnos.


Cómo leer una jornada migratoria en octubre

Hombre leyendo cerca del lago durante el día

Hombre leyendo | Foto: Ben White


Para observar migración en octubre con criterio, no basta con llegar a un punto conocido. Hay que interpretar las condiciones.

En rapaces planeadoras, importan las térmicas, el viento dominante, la visibilidad y la orientación del cruce. Un viento desfavorable puede retener aves, desplazar el flujo o concentrarlo en puntos distintos. Un cambio de viento puede activar el paso después de horas de aparente calma.

En aves marinas, el viento y los temporales son decisivos. Ciertos vientos pueden acercar aves pelágicas a costa, mientras que otros hacen que el paso ocurra demasiado lejos para detectarlo bien desde tierra. Por eso, en seawatching, la meteorología no es solo contexto: forma parte de la estrategia de observación.

En limícolas, las mareas, el nivel del agua y la disponibilidad de limos o zonas de alimentación marcan mucho la presencia visible. Un mismo estuario puede parecer vacío en pleamar y estar lleno de actividad cuando la marea deja expuestas las áreas de alimentación.

En paseriformes, las mañanas posteriores a noches de migración pueden ser especialmente productivas, sobre todo después de cambios meteorológicos que favorecen la sedimentación. A veces el paso se detecta más por acumulación local que por aves cruzando de forma evidente.

Octubre es un mes para observar, pero también para interpretar. La lista de especies importa, aunque el verdadero interés está en entender por qué aparecen ahí, en ese momento y bajo esas condiciones.


Migración, cambio climático y cambios fenológicos

Las migraciones no son fenómenos rígidos. Las fechas de llegada, salida, permanencia e invernada pueden cambiar en función de la temperatura, la disponibilidad de alimento, la transformación del hábitat y las condiciones en las áreas de cría e invernada.

Los registros fenológicos de programas de seguimiento como Aves y Clima ayudan a detectar primeras llegadas, primeras aves en paso, primeros ejemplares invernantes y cambios en los calendarios migratorios. Esta información es especialmente relevante porque especies muy conocidas pueden modificar sus patrones sin que nos demos cuenta si no se registran las observaciones de forma constante.

En los últimos años se han documentado adelantos, retrasos, acortamientos de ruta y cambios en la invernada de distintas especies. Algunas aves que antes realizaban desplazamientos más largos pueden permanecer más al norte si las condiciones invernales lo permiten, mientras que otras ajustan sus fechas de salida o llegada en función de la disponibilidad de alimento y la temperatura.

Esto obliga a mirar octubre con prudencia. Las generalizaciones siguen siendo útiles, pero cada vez conviene más contrastar observaciones con datos actualizados, registros fenológicos, censos, programas de seguimiento y conocimiento local.

Para birdwatchers avanzados, esa es una parte muy interesante del campo actual: no solo observar especies, sino detectar cambios en sus patrones de movimiento.


Cómo observar aves migratorias sin interferir

Hombre tomando foto del campo de hierba verde durante el día

Fotógrafo de aves | Foto: Dieny Portinanni


La migración es un momento de alto gasto energético. Muchas aves llegan agotadas a sus zonas de sedimentación, necesitan alimentarse rápido o dependen de dormideros y puntos de descanso concretos para continuar viaje.

Por eso, la observación debe hacerse desde caminos, observatorios, miradores o puntos autorizados, evitando entrar en zonas de descanso, dormideros, playas con limícolas sedimentadas, carrizales sensibles o áreas de alimentación. Levantar un grupo de aves para verlas mejor puede parecer una molestia pequeña, pero durante la migración puede suponer un gasto energético innecesario.

También conviene evitar reclamos, aproximaciones directas, persecuciones para conseguir una foto, uso irresponsable de linternas en dormideros o publicación de ubicaciones exactas de especies sensibles. En observación de aves, las buenas prácticas de campo pasan por mantener distancia, minimizar el estrés, no interferir en comportamientos esenciales y priorizar siempre la conservación del ave y su hábitat.

En octubre, una buena observación no siempre es la más cercana. Muchas veces es la que permite leer el movimiento sin alterar el descanso, la alimentación o la ruta de las aves.


El otoño como mapa vivo de la migración

La migración de otoño es especialmente interesante porque reúne varios calendarios a la vez. Por un lado, las últimas estivales, migradoras transaharianas y especies en paso terminan de abandonar o atravesar la península. Por otro, las primeras invernantes empiezan a ocupar humedales, costas, campos abiertos, dehesas, ríos y embalses.

Ese solapamiento convierte el otoño en una época muy rica para el birdwatching, pero también exige precisión. No todas las aves que vemos “se están yendo”, no todas “acaban de llegar” y no todas permanecerán en la zona. Algunas solo descansan, otras se alimentan durante unos días, otras esperan una ventana meteorológica y otras están empezando una invernada que se consolidará más adelante.

Mirar aves en otoño es mirar rutas, ritmos y estrategias. Es entender que el paisaje no está quieto, aunque parezca el mismo. Y que cada bando, cada ausencia y cada primera llegada cuentan una parte distinta del mismo fenómeno.

En NatSnap creemos que el birdwatching empieza a volverse realmente interesante cuando dejamos de mirar solo especies aisladas y empezamos a leer los movimientos que conectan territorios. La migración de otoño es uno de esos momentos en los que el cielo, la costa y los humedales cuentan mucho más de lo que parece.


Preguntas frecuentes sobre aves migratorias en España durante el otoño


¿Qué aves migratorias se pueden ver en España durante el otoño?

Durante el otoño se pueden observar especies estivales en salida, migrantes en paso e invernantes que empiezan a llegar. Entre ellas están la golondrina común, el avión común occidental, el abejaruco europeo, el águila calzada, la culebrera europea, el correlimos común, el correlimos tridáctilo, el alcatraz atlántico, el págalo grande, la grulla común, el ánsar común, la avefría europea, el chorlito dorado europeo, el cormorán grande y varias anátidas.


¿Qué es la migración posnupcial?

La migración posnupcial es el desplazamiento que muchas aves realizan después de la reproducción, desde sus áreas de cría hacia sus zonas de invernada. En España puede empezar en verano para algunas especies y continuar durante el otoño, con distintos picos según el grupo de aves.


¿Qué aves estivales se marchan de España en otoño?

En otoño se marchan muchas especies estivales o migradoras transaharianas, como la golondrina común, el avión común occidental, el abejaruco europeo, el águila calzada, la culebrera europea, el abejero europeo o el alimoche común, aunque cada una presenta una fenología distinta y algunas concentran su paso antes de octubre.


¿Qué aves llegan a España en otoño para invernar?

En otoño empiezan a llegar o hacerse más visibles especies invernantes como la grulla común, el ánsar común, varias anátidas, el cormorán grande, la avefría europea, el chorlito dorado europeo, el zorzal común, el zorzal alirrojo y el mosquitero común, entre otras.


¿Octubre es buen mes para observar migración de aves?

Sí. Octubre es muy buen mes porque combina migración posnupcial tardía, paso de limícolas, paseriformes y aves marinas, y llegada progresiva de especies invernantes. No siempre concentra los máximos de cada grupo, pero sí ofrece una gran diversidad de estrategias migratorias.


¿Dónde ver aves migratorias en España durante el otoño?

Algunos lugares importantes son el Estrecho de Gibraltar, Doñana, el Delta del Ebro, la laguna de Gallocanta, las marismas de Santoña, Villafáfila, la Albufera de Valencia, los humedales manchegos, las rías gallegas, el litoral cantábrico, los cabos atlánticos y distintas salinas mediterráneas.


¿Qué diferencia hay entre ave estival, migrante en paso e invernante?

Un ave estival llega para reproducirse durante primavera y verano, y después se marcha. Un migrante en paso utiliza un territorio como corredor o parada temporal durante su ruta. Un ave invernante llega para pasar los meses fríos en una zona donde encuentra alimento y condiciones más favorables.


¿Cómo observar aves migratorias en otoño sin molestarlas?

Lo mejor es observar desde puntos habilitados, mantener distancia, no entrar en zonas de descanso o alimentación, no levantar limícolas, no acercarse a dormideros, no utilizar reclamos y evitar compartir ubicaciones exactas de especies o zonas sensibles.